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CEIP del Papiol

¡Basta de gritos! Esto no funciona.

¿Has tocado fondo? ¿Te has parado un momento y al mirarte no te ha gustado lo que has visto? ¿Sientes que la situación se ha vuelto insostenible, que solo gritas, amenazas y chantajeas a tus hijos para que te obedezcan y sin ningún resultado? Si estás en esta situación debes saber que como tu hay muchas otras mamás y papás. Mamás y papás cansados de seguir en un bucle de gritos que no funcionan, porque es así, gritar no educa. En algún momento hay que cambiar la estrategia porque esta no es la adecuada.

Educar sin gritar es posible, lo sabemos, pero también debemos saber que requiere un esfuerzo muy importante por nuestra parte, un esfuerzo que debemos querer asumir, aceptar y realizar cada día.

Y aunque no estoy totalmente de acuerdo con aquellos que opinan que educar con gritos no es más que un sistema fácil y cómodo al que recurren los padres, porque no tienen otras herramientas, sí creo que debemos buscar el cambio y decir¡Basta de gritos! Porque sabemos que el grito no es efectivo, que para nada es educativo y que nos hace daño a todos.  No, no creo que los padres gritemos a nuestros hijos sin más, por comodidad por no querer buscar alternativas. No, no lo creo, sinceramente.

Pienso que cuando los padres o madres caemos en el error de gritar es por cansancio extremo, por agotamiento, por desesperación, por ofuscación temporal ante una situación que nos descontrola y desborda. Sin embargo estoy de acuerdo que hay que tomar un decisión rotunda y decir ¡Basta de gritos! Esto no funciona así. Porque sabemos que no lo estamos haciendo bien y nos sentimos las peores madres del mundo. Y es que sentirse así es normal, incluso bueno para iniciar el cambio. Sentirse así significa que no te sientes cómoda con lo que haces, que estás reflexionando sobre tu comportamiento y que lo quieres modificar.

No hay fórmulas mágicas, ni pastillas de paciencia que podamos tomar para poder empezar a cambiar. Sí, cierto, encontraremos cientos de páginas con las claves para dejar de gritar. Yo misma estoy escribiendo esto para animarte a ti a hacerlo. Sí, encontrarás la teoría que tan bien sabemos toda escrita de mil formas diferentes pero lo que debemos tener muy claro es que para llevarla a la práctica dependerá totalmente de nuestra voluntad, de nuestra capacidad para no dejarnos arrastrar por nuestras emociones, de nuestra capacidad de gestionar la ira que nos invade y controlar la frustración en momentos difíciles … y … eso va a resultar un trabajo personal, único, individual que costará más o costará menos en función de cada caso, familia, niño y situación.

Mis claves para empezar el cambio. Mis claves para la reflexión porque yo también digo ¡Basta de gritos! Esto no funciona.

  • Reducir expectativas. En ocasiones tenemos las expectativas tan elevadas que es imposible que nuestros hijos no acaben por defraudarlas. Incluso debemos rebajar las nuestras, somos humanos, no podemos llegar a todo y hacerlo todo de forma excelente. Pon límites a tus expectativas, el día tiene las horas que tiene y llegamos hasta donde podemos. Se más tolerante contigo misma y con los demás, flexibiliza tus pensamientos.
  • Son niños, nuestros hijos son niños no el enemigo contra el que luchar, porque cuando llegamos a este punto parece como si en algún momento nos hubiéramos declarado la guerra y somos papá y mamá, no el rival al que derrocar. No somos contrincantes, somos parte de un sistema, de un todo llamado familia.
  • Somos sus padres, en mi caso soy su mamá: su fuente de consuelo, de seguridad y confianza. Cuando grito me convierto en cualquier cosa menos en un buen ejemplo.
  • Para tener autoridad no es necesario gritar. La autoridad nos la ganamos día a día, siendo constantes y coherentes con lo que decimos y hacemos. Con los gritos perdemos autoridad y ganamos autoritarismo.
  • El juego es la forma principal de aprendizaje de nuestros hijos. Cualquier excusa es una oportunidad de juego, en todo ven un elemento de diversión, no nos enfademos tanto porque jueguen a esconderse, a revolcarse por el suelo, a tomarnos en el pelo … Necesitan jugar, reír, divertirse … Y hay que dejar que lo hagan.
  • Son niños, su capacidad de razonamiento es diferente a la nuestra, piensan, sienten y necesitan cosas diferentes a las nuestras. Su visión del mundo es totalmente diferente al nuestro, son más concretos, viven el aquí y ahora, son inestables emocionalmente y el control del impulso y la capacidad de esperar todavía está por desarrollar.
  • Antes de volver a caer en el grito intenta pensar si lo que ha hecho es tan grave … Sí,  es cierto, hemos de poner normas y límites. Normas y límites que nos ayudan a crecer seguros, a madurar, a convivir pero los límites deben ajustarse a la edad del niño.

Muy bien y tras todo esto … ¿qué? Sí, Se que es esto lo que estás pensando, que nuevamente es teoría y ciertamente tienes todo la razón. El trabajo de ponerlo en práctica debe ser tuyo, no lo puede hacer nadie más. Yo solo te ayudo a reflexionar sobre tu comportamiento y qué mecanismos debes activar para empezar el cambio. Créeme, dejar de gritar es igual que dejar cualquier hábito, igual no te quepa ninguna duda, no será fácil, tendrás recaídas, te sentirás fatal pero si tienes voluntad estoy convencida que lo lograrás. Cada día tienes una nueva oportunidad para demostrarte que es posible y  decir ¡Basta de gritos!

Fuente: mamapsicologainfantil.com